miércoles, 18 de febrero de 2026

Perú – 8 presidentes en 10 años. La necesidad de un cambio radical en la estructura de poder en el país

 Chasqui Rojo


La reciente moción de censura contra el ahora expresidente José Jeri en Perú, después de solo 130 días, no es solo un acontecimiento político, sino una oportunidad para reflexionar sobre el papel del Estado y la necesidad de un cambio radical en la estructura de poder en el país, tomando en cuenta que llevamos 8 presidentes en 10 años. Es esencial analizar este momento crítico y plantear la necesidad de construir un estado revolucionario.
 
La Crisis del Estado Burgués
 
El parlamento es una tribuna útil para la agitación y la denuncia, pero no el espacio donde se resuelve el poder real. La censura a un funcionario o autoridad puede modificar correlaciones internas, pero no altera la estructura de clase del Estado. Si José Jeri encarna una fracción política específica, su remoción no implica un cambio sustantivo en la orientación del régimen, sino un reacomodo entre sectores de la misma clase dominante o sus representantes.
 
El Estado es un producto de la sociedad clasista, una herramienta de opresión utilizada por la clase dominante para mantener su control. Las constantes crisis políticas, la corrupción y la ineficacia de sus políticas son prueba de que el Estado capitalista no puede resolver los problemas estructurales que enfrenta la nación.
Es crucial enfatizar que la lucha no debe ser contra un presidente, sino contra todo un sistema que perpetúa la desigualdad y la explotación. La censura a Jeri debe ser vista como una oportunidad para democratizar el poder y ponerlo en manos de los trabajadores y las masas oprimidas.
 
La Estrategia Revolucionaria
 
La lucha no es sacar un presidente que solo es una ficha en la maraña política del capitalismo. Pero debe ir acompañada de una estrategia más amplia que cuestione la legitimidad del Estado burgués. Es esencial movilizar a la clase trabajadora, los campesinos y las comunidades marginadas para exigir no solo la destitución del presidente, sino una reconfiguración del aparato estatal. Esto significa luchar por una asamblea constituyente que refleje verdaderamente la voluntad del pueblo y se dirija hacia la instauración de un Estado obrero.
 
La necesidad de una dirección política clara es primordial. Los movimientos sociales deben unirse en torno a un programa revolucionario que contemple la nacionalización de sectores clave de la economía, la implementación de políticas sociales efectivas y la abolición de la propiedad privada en aquellos ámbitos que puedan beneficiar a la mayoría.
 
La moción de censura contra José Jeri no es solo un acontecimiento aislado, sino un síntoma de la lucha de clases en Perú. La solución no se encuentra en cambios superficiales, sino en una transformación profunda del Estado. Es momento de que la clase trabajadora y el pueblo en general asuman un rol protagónico en la lucha por un futuro donde el poder esté en manos de quienes lo han sostenido históricamente: las masas. Construyamos juntos un Estado revolucionario que de verdad represente los intereses de todos.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Injusta condena a Pedro Castillo

 

Chasqui Rojo, Perú


 

El mes pasado fue condenado Pedro Castillo a 11 años de prisión, algo completamente injusto, pero de la democracia burguesa nada mejor se puede esperar. Su gobierno de contradicciones fue lo que lo llevo al final que tuvo, pactar con la burguesía solo lleva a golpes de estado, intentos de golpes, y derramamiento de sangre obrera inocente, como vimos cuando Castillo intentó cerrar un congreso corrupto e ilegitimo, sin apoyo de obreros, sindicatos ni movimientos sociales.

 

Su destitución arresto y juicio, solo fue el último movimiento de una burguesía añeja, racista y corrupta para sacar de la presidencia a un profesor pobre. No sé puede pactar con el capitalismo, los trabajadores necesitamos un liderazgo fuerte valiente y dispuesto a todo para llegar a la toma del poder, claramente Pedro castillo no tiene estas virtudes, la falta de liderazgo revolucionario irremediablemente nos llevará a estos desenlaces donde los más perjudicados siempre somos los mismos.

 

Los peruanos debemos romper con el reformismo ilusorio, que solo encandila las esperanzas de los que nunca han sido escuchados, pero no pasamos de ahí.

 

Debemos ir con convicción fuerza unión y una dirección fuerte y de clase para tomar el poder de una vez por todas sin medias tintas ni pactando con los capitalistas, solo tomando lo que es nuestro.

 

Exigimos la Libertad de Pedro Castillo y la anulación de los procesos farsa en su contra.

viernes, 10 de octubre de 2025

La caída de Boluarte y las tareas de la izquierda revolucionaria en Perú

 


por Jano Ramírez

Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT)

 

La destitución de Dina Boluarte no representa una victoria popular, sino un nuevo capítulo en la crisis del régimen burgués peruano. El Congreso que hoy la destituye es el mismo que la sostuvo mientras ordenaba la represión que costó más de sesenta vidas. Su caída expresa el agotamiento del bloque político heredero del fujimorismo y la incapacidad de la burguesía para estabilizar el país.

 

Desde hace décadas, Perú vive bajo un modelo neoliberal impuesto en los años noventa, que convirtió al Estado en un simple administrador de negocios mineros y financieros. Ese modelo generó crecimiento para unos pocos y miseria para la mayoría. Los gobiernos se sucedieron entre escándalos, vacancias y renuncias, mientras el Congreso se transformó en el instrumento de las distintas fracciones del capital.

 

El ciclo que comenzó con Pedro Castillo en 2021 fue la irrupción del Perú profundo en la escena política. Pero el gobierno campesino y popular fue derrotado por su intento de conciliar con las instituciones del régimen. Su caída y la represión posterior abrieron una herida que sigue sangrando en el sur andino. Boluarte gobernó sin base social, sostenida por el Ejército y los empresarios, hasta que la misma clase dominante decidió reemplazarla.

 

Hoy, con el Congreso designando a José Jerí como presidente interino, la burguesía intenta recomponer el régimen sin alterar su esencia. Hablan de “recuperar la institucionalidad”, pero lo que buscan es mantener los privilegios del capital y garantizar que nada cambie. Frente a eso, la clase trabajadora, los campesinos, los pueblos originarios y los sectores oprimidos deben levantar su propia alternativa.

 

Las tareas inmediatas

 

1. Derribar todo el régimen: No basta con la vacancia de Boluarte. El Congreso y la Constitución fujimorista de 1993 deben irse con ella. Es necesaria una Asamblea Constituyente libre y soberana, nacida desde los comités de trabajadores, campesinos y comunidades, no desde las instituciones podridas del viejo Estado.

 

2. Llamamos a la CGTP (Confederación General de trabajadores del Perú), al SUTEP (Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú) y a todas las organizaciones sindicales, campesinas y populares a romper con la pasividad y a convocar de inmediato a una coordinación nacional de lucha, con delegados mandatados desde las bases, para discutir y preparar una huelga general que imponga una salida obrera y popular a la crisis. Esa salida no puede ser otra que la construcción de una Asamblea Constituyente libre y soberana, impuesta desde la movilización de masas, que reorganice el país sobre nuevas bases sociales y políticas, en favor de los trabajadores, campesinos y pueblos oprimidos del Perú.

 

3. Programa de emergencia obrero y popular.

 

Nacionalización bajo control obrero de la minería, la energía y la banca.

 

Reforma agraria integral, con propiedad comunal de la tierra.

 

Fin de la represión y juicio a los responsables de las masacres.

 

Salario mínimo ajustado al costo real de vida.

 

Control popular de precios y servicios básicos.

 

Libertad sindical y derecho efectivo a la huelga.

 

4. Unidad de los explotados: Obreros, campesinos y pueblos indígenas deben forjar un frente único de clase contra la oligarquía limeña y su Estado. Esa alianza es la base material para un nuevo poder.

 

Por una salida obrera y socialista

La crisis peruana es una crisis de poder. La burguesía no puede gobernar como antes, y las masas no quieren seguir siendo gobernadas por los mismos. Pero sin una dirección revolucionaria, la situación se resolverá dentro de los márgenes del capitalismo.

 

Por eso, la tarea central es reconstruir un partido revolucionario que una la experiencia de las luchas pasadas con un programa de transición hacia el socialismo. Un partido que no tema decir que la verdadera democracia solo puede ser el poder de los trabajadores y los campesinos.

 

La caída de Boluarte debe ser el inicio de una nueva etapa de movilización y organización. Que las calles del Perú profundo vuelvan a levantarse, no para cambiar de presidente, sino para cambiar de clase en el poder.

Por un gobierno de trabajadores, campesinos y pueblos originarios.

Por una Asamblea Constituyente libre y soberana.

Por el socialismo.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Presidente de Perú, Pedro Castillo es arrestado – Se profundiza la crisis política

 

Por Tony Saunois

 Comité por una Internacional de los Trabajadores, CIT.

 


Perú se sumergió en una crisis política y social más profunda luego del arresto del ex presidente, Pedro Castillo, y la votación del Congreso para destituirlo de su cargo. A esto siguió Castillo declarando su intención de suspender el Congreso y formar un gobierno de “excepción”. Su arresto y juicio político fue llevado a cabo por fuerzas reaccionarias a las que el CIT se opone firmemente.

 

Estos dramáticos hechos forman parte de las convulsiones políticas y sociales que azotan a América Latina y de la segunda “ola rosa” que ha barrido el continente con la elección de una serie de presidentes de “izquierda radical” en Chile, Colombia y Perú. Sin embargo, una vez en el poder, estos nuevos gobiernos de «izquierda» han buscado rápidamente un compromiso con el capitalismo y se han movido rápidamente hacia la derecha y no han logrado promulgar políticas radicales de izquierda o socialistas que cuestionen el capitalismo.

 

Castillo no fue la excepción. Elegido por una estrecha mayoría en 2021, por el partido socialista Perú Libre, que se declara marxista/leninista, rápidamente trató de comprometerse con un sector de la clase dominante en Perú. Perú Libre le exigió dejar el partido, lo que hizo poco después de las elecciones, por abandonar sus principios e implementar políticas neoliberales. Su gobierno estuvo en crisis desde el principio. Desde que ganó las elecciones, no menos de ochenta ministros y cinco primeros ministros han renunciado o han sido reemplazados. Esta es una continuación de la agitación política que ha sacudido a Perú en los últimos años. Ha tenido seis presidentes desde 2018, de los cuales solo dos han sido elegidos.

 

Golpe a la clase dominante

 

Castillo ganó las elecciones por un estrecho margen, con el 50,277% de los votos. Su victoria fue un duro golpe para la clase dominante, que se unió al apoyo de Keiko Fujimori, la candidata de la corrupción y la reacción. Su partido defiende la dictadura de su padre, Alberto Fujimori (quien gobernó entre 1990 y 2000). Está en prisión por crímenes contra la humanidad. Sin embargo, después de haber infligido este golpe a la clase dominante, Castillo inmediatamente intentó hacer las paces con sectores de la clase dominante. Durante la segunda vuelta de la campaña electoral defendió el papel del sector privado y se comprometió a gobernar “responsablemente” y moderado. Se opuso al aborto, al matrimonio entre personas del mismo sexo y a la educación sexual. Sostuvo que es progresista y no “socialista” o “comunista”. Era un líder del sindicato de maestros y era visto como un representante de los pobres y oprimidos. Perú Libre lo postuló como líder del partido, luego de que el anterior candidato, Vladimir Cerrón, enfrentara dudosos cargos de corrupción. Sin embargo, la élite gobernante nunca aceptó a Castillo y ha tratado de sacarlo del poder desde su victoria electoral. No confiarían en Castillo y temían lo que representaba su elección. Dos veces han intentado acusar a Castillo.

 

Castillio anunció que cerraría el Congreso horas antes de un tercer intento de juicio político. Esto debía votarse por motivos de «incapacidad moral» debido a acusaciones de corrupción. Aún no se ha probado si Castillo ha estado involucrado en actos de corrupción; sin embargo, la corrupción es endémica dentro del establecimiento político. ¡El jefe de personal de Castillo huyó después de que se encontraran 20.000 dólares estadounidenses en efectivo en el baño de su oficina! La élite gobernante ha promulgado un golpe para destituir a Castillo, en quien no confiaban.

 

El Congreso en Perú es totalmente antidemocrático, plagado de reacción y corrupción. Según una encuesta, ¡tiene un índice de aprobación del 8%! Si Castillo hubiera intentado llevar a cabo un programa para romper con el capitalismo, movilizado a la clase trabajadora y a los pobres y construido comités de lucha elegidos democráticamente sobre los cuales se podría basar un gobierno socialista democrático y convocar elecciones a una asamblea constituyente revolucionaria tomando medidas para disolver el Congreso hubiera sido correcto. Este tema surgió en Chile en 1973 cuando la demanda de disolver el congreso controlado por los capitalistas que bloqueaba las propuestas del presidente Salvador Allende. Sin embargo, en Chile, en ese momento, había una alternativa democrática en los comités electos de los industriales Cordones con sede en las fábricas,

 

Sin embargo, esto no existió en Perú, y Castillo fracasó en intentar construir organizaciones similares e implementar un programa para romper con el capitalismo. Amenazado con un juicio político, actuó solo, y el ejército, el poder judicial, su gabinete dividido y otros se negaron a respaldarlo y apoyaron su arresto y juicio político. La vicepresidenta, Dina Boluarte, un par de manos seguras “moderadas” para la clase dominante, lo ha reemplazado en lo que equivale a llevar a cabo un contragolpe. Sin embargo, su gobierno no marcará el comienzo de un período de estabilidad o progreso en el Perú. Seguirán más crisis y trastornos. Se han producido algunas protestas oponiéndose al congreso y apoyando a Castillo, pero en este momento parecen limitadas.

 

Durante las convulsiones futuras habrá que sacar las lecciones del fracaso del gobierno de Castillo y la necesidad de un programa, partido y construcción de organizaciones de masas para romper con el capitalismo.

 

Perú – 8 presidentes en 10 años. La necesidad de un cambio radical en la estructura de poder en el país

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