Chasqui Rojo
Chasqui Rojo
miércoles, 18 de febrero de 2026
Perú – 8 presidentes en 10 años. La necesidad de un cambio radical en la estructura de poder en el país
domingo, 21 de diciembre de 2025
Injusta condena a Pedro Castillo
Chasqui Rojo, Perú
El mes pasado fue condenado Pedro Castillo
a 11 años de prisión, algo completamente injusto, pero de la democracia
burguesa nada mejor se puede esperar. Su gobierno de contradicciones fue lo que
lo llevo al final que tuvo, pactar con la burguesía solo lleva a golpes de
estado, intentos de golpes, y derramamiento de sangre obrera inocente, como
vimos cuando Castillo intentó cerrar un congreso corrupto e ilegitimo, sin
apoyo de obreros, sindicatos ni movimientos sociales.
Su destitución arresto y juicio,
solo fue el último movimiento de una burguesía añeja, racista y corrupta para
sacar de la presidencia a un profesor pobre. No sé puede pactar con el
capitalismo, los trabajadores necesitamos un liderazgo fuerte valiente y
dispuesto a todo para llegar a la toma del poder, claramente Pedro castillo no
tiene estas virtudes, la falta de liderazgo revolucionario irremediablemente
nos llevará a estos desenlaces donde los más perjudicados siempre somos los
mismos.
Los peruanos debemos romper con el
reformismo ilusorio, que solo encandila las esperanzas de los que nunca han
sido escuchados, pero no pasamos de ahí.
Debemos ir con convicción fuerza
unión y una dirección fuerte y de clase para tomar el poder de una vez por
todas sin medias tintas ni pactando con los capitalistas, solo tomando lo que
es nuestro.
Exigimos la Libertad de Pedro
Castillo y la anulación de los procesos farsa en su contra.
viernes, 10 de octubre de 2025
La caída de Boluarte y las tareas de la izquierda revolucionaria en Perú
por Jano Ramírez
Comité por una Internacional de los
Trabajadores (CIT)
La destitución de Dina Boluarte no
representa una victoria popular, sino un nuevo capítulo en la crisis del
régimen burgués peruano. El Congreso que hoy la destituye es el mismo que la
sostuvo mientras ordenaba la represión que costó más de sesenta vidas. Su caída
expresa el agotamiento del bloque político heredero del fujimorismo y la
incapacidad de la burguesía para estabilizar el país.
Desde hace décadas, Perú vive bajo
un modelo neoliberal impuesto en los años noventa, que convirtió al Estado en
un simple administrador de negocios mineros y financieros. Ese modelo generó
crecimiento para unos pocos y miseria para la mayoría. Los gobiernos se
sucedieron entre escándalos, vacancias y renuncias, mientras el Congreso se
transformó en el instrumento de las distintas fracciones del capital.
El ciclo que comenzó con Pedro
Castillo en 2021 fue la irrupción del Perú profundo en la escena política. Pero
el gobierno campesino y popular fue derrotado por su intento de conciliar con
las instituciones del régimen. Su caída y la represión posterior abrieron una
herida que sigue sangrando en el sur andino. Boluarte gobernó sin base social,
sostenida por el Ejército y los empresarios, hasta que la misma clase dominante
decidió reemplazarla.
Hoy, con el Congreso designando a
José Jerí como presidente interino, la burguesía intenta recomponer el régimen
sin alterar su esencia. Hablan de “recuperar la institucionalidad”, pero lo que
buscan es mantener los privilegios del capital y garantizar que nada cambie.
Frente a eso, la clase trabajadora, los campesinos, los pueblos originarios y
los sectores oprimidos deben levantar su propia alternativa.
Las tareas inmediatas
1. Derribar todo el régimen: No
basta con la vacancia de Boluarte. El Congreso y la Constitución fujimorista de
1993 deben irse con ella. Es necesaria una Asamblea Constituyente libre y
soberana, nacida desde los comités de trabajadores, campesinos y comunidades,
no desde las instituciones podridas del viejo Estado.
2. Llamamos a la CGTP
(Confederación General de trabajadores del Perú), al SUTEP (Sindicato Único de
Trabajadores de la Educación del Perú) y a todas las organizaciones sindicales,
campesinas y populares a romper con la pasividad y a convocar de inmediato a
una coordinación nacional de lucha, con delegados mandatados desde las bases,
para discutir y preparar una huelga general que imponga una salida obrera y
popular a la crisis. Esa salida no puede ser otra que la construcción de una
Asamblea Constituyente libre y soberana, impuesta desde la movilización de
masas, que reorganice el país sobre nuevas bases sociales y políticas, en favor
de los trabajadores, campesinos y pueblos oprimidos del Perú.
3. Programa de emergencia obrero y
popular.
Nacionalización bajo control obrero
de la minería, la energía y la banca.
Reforma agraria integral, con
propiedad comunal de la tierra.
Fin de la represión y juicio a los
responsables de las masacres.
Salario mínimo ajustado al costo
real de vida.
Control popular de precios y
servicios básicos.
Libertad sindical y derecho
efectivo a la huelga.
4. Unidad de los explotados:
Obreros, campesinos y pueblos indígenas deben forjar un frente único de clase
contra la oligarquía limeña y su Estado. Esa alianza es la base material para
un nuevo poder.
Por una salida obrera y socialista
La crisis peruana es una crisis de
poder. La burguesía no puede gobernar como antes, y las masas no quieren seguir
siendo gobernadas por los mismos. Pero sin una dirección revolucionaria, la
situación se resolverá dentro de los márgenes del capitalismo.
Por eso, la tarea central es
reconstruir un partido revolucionario que una la experiencia de las luchas
pasadas con un programa de transición hacia el socialismo. Un partido que no
tema decir que la verdadera democracia solo puede ser el poder de los trabajadores
y los campesinos.
La caída de Boluarte debe ser el
inicio de una nueva etapa de movilización y organización. Que las calles del
Perú profundo vuelvan a levantarse, no para cambiar de presidente, sino para
cambiar de clase en el poder.
Por un gobierno de trabajadores,
campesinos y pueblos originarios.
Por una Asamblea Constituyente
libre y soberana.
Por el socialismo.
miércoles, 14 de diciembre de 2022
Presidente de Perú, Pedro Castillo es arrestado – Se profundiza la crisis política
Por Tony Saunois
Perú se sumergió en una crisis
política y social más profunda luego del arresto del ex presidente, Pedro
Castillo, y la votación del Congreso para destituirlo de su cargo. A esto
siguió Castillo declarando su intención de suspender el Congreso y formar un
gobierno de “excepción”. Su arresto y juicio político fue llevado a cabo por
fuerzas reaccionarias a las que el CIT se opone firmemente.
Estos dramáticos hechos forman
parte de las convulsiones políticas y sociales que azotan a América Latina y de
la segunda “ola rosa” que ha barrido el continente con la elección de una serie
de presidentes de “izquierda radical” en Chile, Colombia y Perú. Sin embargo,
una vez en el poder, estos nuevos gobiernos de «izquierda» han buscado
rápidamente un compromiso con el capitalismo y se han movido rápidamente hacia
la derecha y no han logrado promulgar políticas radicales de izquierda o
socialistas que cuestionen el capitalismo.
Castillo no fue la excepción.
Elegido por una estrecha mayoría en 2021, por el partido socialista Perú Libre,
que se declara marxista/leninista, rápidamente trató de comprometerse con un
sector de la clase dominante en Perú. Perú Libre le exigió dejar el partido, lo
que hizo poco después de las elecciones, por abandonar sus principios e
implementar políticas neoliberales. Su gobierno estuvo en crisis desde el
principio. Desde que ganó las elecciones, no menos de ochenta ministros y cinco
primeros ministros han renunciado o han sido reemplazados. Esta es una
continuación de la agitación política que ha sacudido a Perú en los últimos
años. Ha tenido seis presidentes desde 2018, de los cuales solo dos han sido
elegidos.
Golpe a la clase dominante
Castillo ganó las elecciones por un
estrecho margen, con el 50,277% de los votos. Su victoria fue un duro golpe
para la clase dominante, que se unió al apoyo de Keiko Fujimori, la candidata
de la corrupción y la reacción. Su partido defiende la dictadura de su padre,
Alberto Fujimori (quien gobernó entre 1990 y 2000). Está en prisión por
crímenes contra la humanidad. Sin embargo, después de haber infligido este
golpe a la clase dominante, Castillo inmediatamente intentó hacer las paces con
sectores de la clase dominante. Durante la segunda vuelta de la campaña
electoral defendió el papel del sector privado y se comprometió a gobernar
“responsablemente” y moderado. Se opuso al aborto, al matrimonio entre personas
del mismo sexo y a la educación sexual. Sostuvo que es progresista y no
“socialista” o “comunista”. Era un líder del sindicato de maestros y era visto
como un representante de los pobres y oprimidos. Perú Libre lo postuló como
líder del partido, luego de que el anterior candidato, Vladimir Cerrón, enfrentara
dudosos cargos de corrupción. Sin embargo, la élite gobernante nunca aceptó a
Castillo y ha tratado de sacarlo del poder desde su victoria electoral. No
confiarían en Castillo y temían lo que representaba su elección. Dos veces han
intentado acusar a Castillo.
Castillio anunció que cerraría el
Congreso horas antes de un tercer intento de juicio político. Esto debía
votarse por motivos de «incapacidad moral» debido a acusaciones de corrupción.
Aún no se ha probado si Castillo ha estado involucrado en actos de corrupción;
sin embargo, la corrupción es endémica dentro del establecimiento político. ¡El
jefe de personal de Castillo huyó después de que se encontraran 20.000 dólares
estadounidenses en efectivo en el baño de su oficina! La élite gobernante ha
promulgado un golpe para destituir a Castillo, en quien no confiaban.
El Congreso en Perú es totalmente
antidemocrático, plagado de reacción y corrupción. Según una encuesta, ¡tiene
un índice de aprobación del 8%! Si Castillo hubiera intentado llevar a cabo un
programa para romper con el capitalismo, movilizado a la clase trabajadora y a
los pobres y construido comités de lucha elegidos democráticamente sobre los
cuales se podría basar un gobierno socialista democrático y convocar elecciones
a una asamblea constituyente revolucionaria tomando medidas para disolver el
Congreso hubiera sido correcto. Este tema surgió en Chile en 1973 cuando la
demanda de disolver el congreso controlado por los capitalistas que bloqueaba
las propuestas del presidente Salvador Allende. Sin embargo, en Chile, en ese
momento, había una alternativa democrática en los comités electos de los
industriales Cordones con sede en las fábricas,
Sin embargo, esto no existió en
Perú, y Castillo fracasó en intentar construir organizaciones similares e
implementar un programa para romper con el capitalismo. Amenazado con un juicio
político, actuó solo, y el ejército, el poder judicial, su gabinete dividido y
otros se negaron a respaldarlo y apoyaron su arresto y juicio político. La
vicepresidenta, Dina Boluarte, un par de manos seguras “moderadas” para la
clase dominante, lo ha reemplazado en lo que equivale a llevar a cabo un
contragolpe. Sin embargo, su gobierno no marcará el comienzo de un período de
estabilidad o progreso en el Perú. Seguirán más crisis y trastornos. Se han
producido algunas protestas oponiéndose al congreso y apoyando a Castillo, pero
en este momento parecen limitadas.
Durante las convulsiones futuras
habrá que sacar las lecciones del fracaso del gobierno de Castillo y la
necesidad de un programa, partido y construcción de organizaciones de masas
para romper con el capitalismo.
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