Chasqui Rojo
La reciente moción de censura contra el ahora expresidente José Jeri en Perú, después de solo 130 días, no es solo un acontecimiento político, sino una oportunidad para reflexionar sobre el papel del Estado y la necesidad de un cambio radical en la estructura de poder en el país, tomando en cuenta que llevamos 8 presidentes en 10 años. Es esencial analizar este momento crítico y plantear la necesidad de construir un estado revolucionario.
La Crisis del Estado Burgués
El parlamento es una tribuna útil para la agitación y la denuncia, pero no el espacio donde se resuelve el poder real. La censura a un funcionario o autoridad puede modificar correlaciones internas, pero no altera la estructura de clase del Estado. Si José Jeri encarna una fracción política específica, su remoción no implica un cambio sustantivo en la orientación del régimen, sino un reacomodo entre sectores de la misma clase dominante o sus representantes.
El Estado es un producto de la sociedad clasista, una herramienta de opresión utilizada por la clase dominante para mantener su control. Las constantes crisis políticas, la corrupción y la ineficacia de sus políticas son prueba de que el Estado capitalista no puede resolver los problemas estructurales que enfrenta la nación.
Es crucial enfatizar que la lucha no debe ser contra un presidente, sino contra todo un sistema que perpetúa la desigualdad y la explotación. La censura a Jeri debe ser vista como una oportunidad para democratizar el poder y ponerlo en manos de los trabajadores y las masas oprimidas.
La Estrategia Revolucionaria
La lucha no es sacar un presidente que solo es una ficha en la maraña política del capitalismo. Pero debe ir acompañada de una estrategia más amplia que cuestione la legitimidad del Estado burgués. Es esencial movilizar a la clase trabajadora, los campesinos y las comunidades marginadas para exigir no solo la destitución del presidente, sino una reconfiguración del aparato estatal. Esto significa luchar por una asamblea constituyente que refleje verdaderamente la voluntad del pueblo y se dirija hacia la instauración de un Estado obrero.
La necesidad de una dirección política clara es primordial. Los movimientos sociales deben unirse en torno a un programa revolucionario que contemple la nacionalización de sectores clave de la economía, la implementación de políticas sociales efectivas y la abolición de la propiedad privada en aquellos ámbitos que puedan beneficiar a la mayoría.
La moción de censura contra José Jeri no es solo un acontecimiento aislado, sino un síntoma de la lucha de clases en Perú. La solución no se encuentra en cambios superficiales, sino en una transformación profunda del Estado. Es momento de que la clase trabajadora y el pueblo en general asuman un rol protagónico en la lucha por un futuro donde el poder esté en manos de quienes lo han sostenido históricamente: las masas. Construyamos juntos un Estado revolucionario que de verdad represente los intereses de todos.
